sábado, 18 de octubre de 2014

Flores Carmesí


Hacía ya mucho que no me dejaba caer por aquí, pero llevaba mucho tiempo queriendo escribir sobre el tema y al final me he atrevido, espero haber dejado un relato digno. Espero que os guste:

-Sigo diciendo que era mejor ir en avión –rezungó José.
            -Para mí es un agobio. Recoge la maleta… consigue un taxi... quita quita –respondió Luis Manuel desde el puesto del piloto-. Además, quería hacerle el rodaje al coche.
            -El olor a coche nuevo me da náuseas –objetó José bajando la ventanilla. Luis puso los ojos en blanco.
            Cabalgaban un BMW 2800 por la N III dirección a Madrid. Habían salido hacía apenas dos horas de Valencia. En el asiento trasero dormitaban Miguel y Fernando, los cuales formaban el conocido Dúo Humo. Miguel se despertaba cada poco, cuando algún bache hacía que su cabeza se golpeara levemente con el cristal, pero eso a Fernando bien poco le importaba, y roncaba apaciblemente.
            -¿Te apetece parar a desayunar? La luz del sol a esta hora es horrible –pidió Luis bajando el parasol del conductor. Y así espabilamos a estos dos.
            Luis Manuel subió repentinamente el volumen de la radio, y los visitantes del reino de Morfeo volvieron en sí.
            -¿Ya hemos llegado? –preguntó Miguel algo atontado, rascándose la coronilla, Fernando mientras tanto se restregaba los ojos.
            -Decía Luis que si parábamos a tomar un café, para evitar la luz del amanecer de frente… y ya de paso os despejáis un poco, aunque muy nerviosos no se os ve.
            -Tenemos el mejor padrino que se podría desear –alabó Fernando- ¿por qué íbamos a estarlo?
            -Jaja, menudos pelotas sois –rió Luis Manuel.
            Poco a poco el BMW fue aminorando la marcha mientras se adecuaban a la velocidad necesaria para entrar en el pueblo de Motilla del Palancar. Entraron en el primer bar que pillaron abierto. Apenas había gente, tan sólo algún agricultor que venía o volvía de cuidar sus tierras. Las botas testificaban si iban o venían.
            -Un café solo, largo –anunció Luis Manuel.
            -Un corto para mí –añadió José.
            -Dos con leche para nosotros, a poder ser que no esté muy caliente la leche –apostilló Miguel.
            El camarero no dijo nada, tan sólo soltó el trapo con el que estaba secando unas tazas y se puso a trabajar con la cafetera. No quitaba ojo a Luis Manuel.
            Los cuatro tomaron asiento en una mesa metálica.
            -Creo que te ha reconocido –susurró José.
            -No pasa nada, no estamos en la ciudad –apuntó Nino. Podremos tomar el café tranquilos.
            Luis echó mano del ABC del domingo mientras el resto seguía discutiendo el tema del avión. La portada estaba ocupada por una mujer en pleno llanto. La noticia que copaba esa desastrosa fotografía era el hundimiento del Metro de Madrid a la altura de Pio XII. Había visto algo en la televisión el día anterior, pero no había querido oír mucho del tema, no era él hombre de desgracias.
            Cuando estaba acabando de ojear el periódico el camarero les trajo los cafés. Después de dejarlos en la mesa se quedó cerca, había algo que le reconcomía por dentro.
            -¿Quería algo? –preguntó Luis Manuel.
            -Eh... sí, eh, ¿es usted Nino Bravo? –preguntó muy nervioso.
            -Jaja… sí, soy yo –respondió contento- ¿Qué quería? –el camarero esbozó una gran sonrisa.
            -¿Podría firmarme una servilleta? Sí se entera mi hija que ha estado usted aquí y que no le he pedido un autógrafo, me crucifica.
            -Claro, claro, faltaría más –Nino se tanteó el bolsillo en busca de un boli, pero antes de que pudiera echarle mano, el camarero ya le había dado uno, además de la servilleta.
            -¿A dónde se dirigen? –inquirió con tiento el camarero.
            -Vamos a grabar un sencillo con estos dos músicos a Madrid –señaló a la pareja de músicos, que hicieron un leve gesto con la cabeza- venimos de Valencia.
            -Ya me supongo… es decir, qué bien –comentó nervioso.
            -¿Hay gasolinera cerca? Tendría que haber repostado ayer, pero haciendo el equipaje y demás, se me pasó.
            -Sí, claro. A la salida del pueblo tiene una.
            -Vale, gracias por su ayuda, tome –le entrega el autógrafo-. Ya de paso, cóbreme.
            -No, no, Nino, pagamos nosotros –intervino Fernando.
            -Bueno sí, menudo padrino sería, si no. Tome, cóbrese y quédese la vuelta –dijo Nino entregándole al camarero una peseta.
            -Muchas gracias,
            Nino cogió su café y volvió a sumergirse en la lectura del periódico, el camarero también regresó con su trofeo a la barra, tan contento como si estuviera a punto de terminar la larga jornada.
            Tras terminar el café, se montaron de nuevo en el BMW. Tal cual había dicho el camarero, la gasolinera les esperaba a las afueras del pueblo.
            La radio comenzaba a ampliar información sobre el asunto del metro, por lo que Nino decidió apagarla. Justo antes de llegar a la gasolinera José sacó una cinta de Nino y la colocó. Comenzó a sonar “Señora, Señora”.
            -Sabes que no me gusta oírme cantar en el coche, José –regañó con una sonrisa Nino mientras se quitaba el cinto.
            -Ni a mí el olor a coche nuevo. Anda, ya salgo yo a repostar, no sea que vengan a entrevistarte.
            -Qué gañán eres.
            Mientras José daba de beber al coche, Nino sonrió. Estaba disfrutando de la vida como nunca habría imaginado, y ya podía dar la oportunidad a otros músicos de formar parte de su mundo. Humo tenía aún muchas cosas que pulir, pero según su criterio, tenían mucho que ofrecer.
            En su cabeza ya rebotaban letras para sus próximas canciones, temas que harían vibrar a todos los españoles una vez más. En esas ensoñaciones estaba cuando José se volvió a montar en el coche.
            -Arranca ya
            El coche impoluto abandonó la estación de repostaje.
            -Me han comentado que éste tramo es complicado, ve con cuidado.
            -Vale, no te preocupes. Dormid ahora si queréis, estoy sereno.
            -Quita quita, que ya me ha empezado el hormigueo en la barriga –rió Fernando.
            El paisaje manchego discurría por su lado mientras “Señora, Señora”, daba sus últimos compases. Después, el silencio.
            -¿Le doy la vuelta o cambio? –preguntó Miguel.
            -Deja, ya la cambio yo –respondió Nino.
            Eran poco más de las diez cuando Nino giró la cinta de música.
            José estaba cabeceando en ese momento y no se dio cuenta de la curva que se avecinaba.
            El dúo de músicos también se dio cuenta tarde, y cuando Nino se irguió de nuevo, el coche se salió de la carretera mientras empezaba a sonar Libre.
            El BMW dio varias vueltas de campana, fatídicas para Nino Bravo, que no se había vuelto a poner el cinturón de seguridad.
           
“Y tendido en el suelo se quedó, sonriendo y sin hablar
Sobre su pecho flores carmesí, brotaban sin cesar”

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