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lunes, 18 de enero de 2016

VIVIR Y MORIR EN ZAMORA XXXII

19: 05 Redacción de la Opinión

   Jose Luis estaba descargando las fotos del homicidio en el servidor del periódico. La redacción en esos instantes bullía de actividad, como un corral de pollos sin cabeza; pues era también al sitio que estaban llegando los reporteros venidos desde otras ciudades de España.

   Hasta su puesto, se acercó fatigada Irene, la encargada en ese momento.
   -Vete pitando al Virgen de la Concha.
   -¿Que ha pasado ahora?
   -No lo sé, ha habido un tiroteo en San Cebrián de Castro. Hay una policía herida, pero no sabemos nada más. Unos dicen que tiene que ver con el accidente de esta mañana, pero no hay nada confirmado. La ambulancia que la trae a ella y a un sospecho está al llegar. Irá contigo Bea, la de prácticas, a ver que puede sacar ella en claro.
   -¿La de prácticas? -reprochó Jose Luis con cierto enfado.
   -Sí, es la única que está ahora libre. Bueno, en realidad no tengo ni idea de que está haciendo cada uno ahora mismo, he perdido ya la cuenta de órdenes y contra órdenes que he dado hoy.
   -Vale, vale, tranquila. Salgo para allá ahora mismo.
   -Cualquier cosa ya sabes, me llamas.



19: 15 Calle del Sol


   Darío se sentó en el orejero de su casa. Llevaba una hora sin hablar, concretamente desde que había salido de comisaría para prestar declaración. En sus ojos aún estaba impresa la imagen de su amigo quitándose la vida, una imagen que se quedaría ahí de por vida.
Llamaron al timbre de casa. Por la puerta entró Gabriel, su hermano. Gabriel era ingeniero de puentes, tenía 30 años y actualmente vivía en Madrid. La noticia le había pillado viniendo desde la capital... era un zamorano más de los que se había tenido que buscar las habichuelas fuera y volvía a casa para salir en alguna procesión... como Antonio Banderas, pero sin salir en la tele.
Intentó entrar al salón, pero Alba no le dejó. Darío había pedido estar solo.
Alba se lo llevó a la cocina.
   -¿Qué tal está? -quiso saber el hermano.
   -Pues no está... no ha querido hablar con la psicóloga de guardia ni nada, tan sólo quiere estar sólo.
Por la puerta asomó tímidamente Nínive.
   -¡Tíiiiiio! -saludó sonriente. Gabriel la cogió en brazos.
   -¡Hola chiquitaja! ¿qué tal estás?
   -¿no te he dicho que no salieras de la habitación?
   -Sí pero... quería ver al tito.
   -Bueno, pues vuelve a la habitación, ahora te va a ver el tito, tranquila.
   -Jo... vale -Gabriel le dio un fuerte beso y la dejó en el suelo. Después le dio un azote cariñoso en el culo y la encaminó hacia la puerta. 
   -¿Y tú sabes algo?
   -Estábamos delante del paso cuando sucedió... pero fue todo tan rápido... la gente empezó a correr en todas las direcciones... un caos.
   -Ya me imagino.
   -Pepe llevaba con el agua al cuello muchos meses... fue un buen hombre que, finalmente, se cansó.
   -¿Y la alcaldesa?
   -Nada... no pudieron hacer nada, murió en el instante.
   Darío oía de fondo la conversación... su mirada estaba fija en la televisión, apagada... parecía uno de los pacientes de “Alguien voló sobre el nido del cuco”. Llevaba aún la ropa manchada de sangre... y de repente se dio mucho asco, por lo que se desvistió y se quedó desnudo en el salón. Miró por la ventana, sin fijarse en nada en concreto. El sonido de la calle se fundía con un breve pitido que aún le reverberaba en los tímpanos, producido por los disparos de Pepe.


19:27 Entrada trasera del Virgen de la Concha


   Jose desenfundó su Canon 7D y colocó un objetivo zoom... no tenía ni idea de lo que se iba a encontrar... pero seguramente no le dejaran acercarse. Bea ya estaba preparada con su grabadora... al igual que otras quince personas que se congregaban a la llegada de la ambulancia. Los guardias de seguridad los habían contenido mínimamente... pero ya habían pedido refuerzos para cuando llegara la ambulancia... otra cosa es que llegaran a tiempo.
   Mientras hacía los últimos ajustes manuales... la ambulancia llegó. A partir de entonces, su rango de visión se limitó a lo que veía su objetivo... y empezó a lanzar fotos como si fuera una ametralladora. Los guardias hicieron un pequeño pasillo hasta la entrada desde la ambulancia.
   Rápidamente se acercó un enfermero con una silla de ruedas hasta el vehículo; a la vez, un coche de policía aparcaba al lado. De él bajó un policía, que se encargó de bajar a una chica de la ambulancia y sentarla en la silla.
   Jose Luis quitó sus ojos de la cámara, no daba crédito a lo que estaba viendo. La chica prácticamente estaba calva... sólo conservaba unos pocos mechones de lo que parecía haber sido una bella melena. Estaba magullada, y en muchas partes, salpicada de sangre. No miraba a nadie, tan sólo al suelo. El policía, en cuanto reparó en los fotógrafos, tapó con su cazadora a la chica como pudo, pidiendo ayuda al enfermero para meterla dentro del hospital.
   Después de la chica, bajaron a un chico en camilla... llegaba inconsciente e intubado. Instantes después, las puertas de acceso a Urgencias se cerraron y los guardias hicieron un cordón que bloqueaba la puerta.
   Mientras la novata iba a intentar sacar algo de información, Jose Luis, entre otros fotógrafos, comenzó a repasar sus fotografías... rezando porque hubieran quedado bien.
   No tenía ni idea de quien era aquella chica, su jefa le había dicho que había una policía herida... pero esa chica no podía ser policía, no en tal estado. Tenía al menos cincuenta fotos de ella y del otro chico en la camilla, que debía ser el sospechoso.
   No entendía nada, ¿dónde estaba la policía herida? Pero esas respuestas a él no le interesaban... hoy en día si no eras el primero en subir el contenido, no eras nadie en Internet, así que se dirigió rápido a su coche para ir volando a la redacción. 
   A él sólo le pagaban por apretar el botón de la cámara.

   
   Por dispararlo bien.

domingo, 22 de noviembre de 2015

VIVIR Y MORIR EN ZAMORA XXXI


18:54 San Cebrián de Castro

            -Sabes que no tenía otra opción –dijo David, que ya no veía escapatoria alguna.
            -Siempre hay elección –le respondió Sara, que aunque apenas se podía tener en pie, tenía las energías renovadas que le proporcionaba la ira.
            -Déjame marchar.
            La policía comenzó a avanzar hasta David, que, desarmado, no vio otra opción que lanzarse por la ventana.

18:55 San Cebrián de Castro

            -Estoy en San Cebrián de Castro, pero no encuentro nada sospe…
            Unos golpes en el cristal del copiloto hicieron que Ángel se asustara y se le cayera el micro de la radio. Era la madre del niño que casi había atropellado unos minutos antes. Ángel bajó preocupado el cristal.
            -¿Qué sucede señora?
            -¡Acaba de caer un hombre por una ventana! Creo que lo ha tirado otro que estaba con él.
            Ángel se soltó el cinto, aquella calle no tenía espacio suficiente para hacer un cambio de sentido con el coche patrulla.
            Se dirigió corriendo calle abajo, siguiendo las indicaciones de la mujer.

18:55 San Cebrián de Castro

            David cayó de pie sobre Mantis, lo cual hizo que se retorciera el pie derecho y cayera de bruces contra el suelo del jardín. Desorientado por el golpe, se puso de pie lentamente y cogió el arma de la mano inerte de Mantis. Después, salió cojeando del recinto de la casa. Pero a unos cuatro metros, una voz le comenzó a gritar que tirara el hacha. Era Ángel, que ya le apuntaba con su pistola.
            No podía correr, ni podía luchar contra un policía armado.

18:55 San Cebrián de Castro

            No iba a dejar que se le escapara, aunque le ardía la cabeza, y tenía entumecidos todos los músculos de su cuerpo, aquel hijo de puta no se le iba a escapar. Al abrir la puerta de la casa, el sol le nubló algo la vista, pero pronto reconoció la voz de Ángel, la cual le hizo sonreír. Sus labios se cuartearon y nuevos hilillos de sangre volvieron a nacer de heridas que tardaría en llegar.
            A los pocos segundos pudo ver completamente la escena. David estaba en medio de la calle, con el hacha en alto. A unos diez metros, Ángel ya se acercaba con el arma encañonándolo.
            -Da… David –intentó saludar Sara, levantando una mano.
            Y David la vio, al principio no logró recordar a su novia, pero cuando lo hizo sus ojos se abrieron, perplejos.
            -¿Qué le has hecho, hijo de puta? Sara, quédate ahí, ya me encargo yo.
            -No, David, sólo yo he visto lo que hecho.
            Sara bajó las escaleras de entrada mientras David ordenaba a la mujer que fuera a casa a llamar a la policía.
            La compañera de Tomás salió de la casa.

18:57 San Cebrián de Castro

            David bullía por dentro, su cerebro intentaba trabajar a toda prisa, como un ratón de laboratorio intentando escapar de un laberinto. No sabía qué hacer, estaba totalmente vendido. Le consolaba saber que, al menos, su amigo se salvaría de todo aquello.
            -Yo no quería, ya lo sabes, él me obligó –suplicó David.
            -¡Que tires el hacha te he dicho! –exclamó Tomás.
            David se intentó acercar a Sara, pero ésta levantó en seguida tu machete.
            -Ya sé que te obligó, lo he visto, pero nadie te obligó a secuestrar a Estrella ésta mañana. Lo hiciste porque quisiste. Por el dinero.
            -Tira el arma si no quieres acabar como tu amigo –insistió David.
            -¿Qué? –preguntó sorprendido David.
            -Hace unas horas mataron a tu compañero, que estaba intentado asesinar a un policía, Tomás. Tranquila Sara, está fuera de peligro.
            Aquella revelación le hizo desmoronarse, soltó el hacha y se dejó caer al suelo. Al final, las lágrimas comenzaron a brotar por sus ojos, aquellas gotas de sal que reflejaban su culpa, pero que ya nada podían perdonar. Ya nada le importaba.

18: 58 San Cebrián de Castro

            Se acercó aún más a David, para esposarlo ella misma, no quería que otro policía fuera el que llevara a ese hijo de puta a comisaría.
            Feliz porque al final esa pesadilla se había acabado, se colocó detrás de David imprudentemente, el cual, desesperado, agarró de nuevo el hacha e intentó agredirle; pero Ángel, que en ningún momento había bajado su arma, le disparó en el lado izquierdo del torso, haciéndole caer hacia atrás. Con total seguridad, la bala le habría alcanzado el pulmón. 
            Sara se quedó a su lado. David abrió su boca, al parecer quería decirle algo, pero no podía apenas hablar, por lo que se agachó a su lado.
            -Mátame, por favor –le pidió. Sara esbozó una media sonrisa.
            -No… ahora llamaré a una ambulancia y vivirás. Pero en unos meses desearás que esa bala hubiera acabado en tu cabeza.
            Sara se levantó a la vez que Ángel llegara hasta su lado y la abrazara.
            Se miraron a los ojos una vez más, ambos con una emoción contenida que pronto comenzó a deslizarse por su casa. Y se besaron. Se besaron sabiendo que poco había faltado para no volverse a ver nunca jamás.



domingo, 8 de noviembre de 2015

VIVIR Y MORIR EN ZAMORA XXX


David miró el machete, que goteaba aún sangre de manera animada. La sangre pertenecía a Estrella, cuya cabeza colgaba de su cuerpo. David lloraba, y las náuseas poco a poco comenzaban a adueñarse de él.
            -Bien, bien… pero te dije que mataras a la otra, a la poli –apuntó Mantis.
            -¡Bueno, que coño importa!
            -No… no, ahora la matarás a ella también.   
            Sara lloraba, algún pelo caía por delante de su cara, a penas veía, tenía los ojos hinchados de tanto llorar. Ya no tenía fuerzas ni para intentar soltarse de aquella silla. David estaba delante de ella, con el machete… aún no se había decidido.
            -Cuento hasta diez –apremió Mantis.
            “No puedo, no quiero”, se decía una y otra vez David así mismo mientras miraba su arma.
            -Ocho.
            “¿Qué hago?”
            -Seis.
            David levantó el machete… Sara agachó la cabeza.
            “Yo no soy así, no puedo hacer esto”
            -Tres
            David descargó con fuerza el machete, pero antes de clavarlo en la cabeza de Sara, se giró y atacó a Mantis, el cual, a pesar de dar un salto hacia atrás y esquivarlo, se llevó un ligero corte en el muslo derecho, que empezó a sangrar.
            -Son inocentes, Mantis. Quédate tú todo el dinero.
            -No, tú te quedas.
            Mantis miró hacia su derecha, sobre una cómoda reposaba una pequeña hacha de carnicero, se abalanzó a por ella. David intentó que no lo cogiera, pero su machete se clavó en el mueble, el cual tuvo que dejar allí para evitar ser decapitado por un rápido estoque de Mantis. Rápidamente, David huyó de la habitación.


18: 52 Hospital Provincial

            Carlos entró en la sala de la UCI, Tomás ya estaba consciente, pero aún no le habían subido a planta, a espera de unas pruebas que aún no tenían resultado.
            El escritor se quedó de pie al lado de la cama, Tomás estaba visiblemente exhausto. Ninguno decía nada, en la habitación sólo se oía la respiración pausada de Tomás, asistida por unas gafas nasales.
            Era extraño, aquel lugar era lúgubre, todas las cosas de la habitación, hasta los guantes de látex, resultaban intimidatorios… todo parecía estar desaturado, gris, pero era en el único sitio que a Carlos por fin le invadía una sensación de felicidad.
            Tras unos minutos de complicidad, Tomás por fin separó los labios.
            -Gracias.
            Carlos sonrió y asintió levemente con la cabeza.
            -¿Se sabe algo de Sara?
            -No… fuera me han comentado que ahora lleva el asunto un tal Ángel.
            -Sara y Ángel son novios.



18: 53 San Cebrián de Castro

            Ángel entró en el pueblo despacio, mirando cualquier indicio que le pudiera llevar hasta el Clio.
            No quería meterse en el núcleo del pueblo, si los sospechosos se habían ocultado estarían en alguna casa del perímetro.
            Una pelota se cruzó en la carretera, pero Ángel iba mirando a un lado y no se percató de ello, por suerte, los ladridos de un perro labrador le alertaron y dio un frenazo brusco. Delante del coche, un niño pequeño recogía una pelota, la mirada fulminante de su madre hizo que Ángel agachara la cabeza hasta que el niño volvió con su madre.
            Miró con detenimiento a su alrededor e intentó escuchar algo extraño… pero nada, su cabeza le hacía oír cosas inexistentes, pero él sabía que allí, por desgracia no había nada.
            Metió primera y siguió con su camino.

18:54 San Cebrián de Castro

            David corrió escaleras abajo, Mantis le seguía de cerca. David llegó a la puerta de salida, pero mientras quitaba el cerrojo, Mantis llegó hasta él y le asestó un golpe con el hacha en el hombro derecho, que llegó hasta la clavícula. David gritó, y antes de que pudiera golpearle de nuevo, le embistió y huyó escaleras arriba de nuevo.
            Entró en una de las habitaciones y comenzó a abrir la ventana. Mantis llegó hasta el umbral de la puerta.
            -Mátala, es la última oportunidad.
            David continúo abriendo la ventana.
            -Bien, tú lo has querido así. Una lástima que no te esté grabando.
            Mantis levantó el hacha y corrió hacia David que, en el último momento se apartó y empujó a Mantis contra la ventana, que rompió el cristal y cayó hacia el jardín, dando con su cabeza en un banco de piedra.
            David se asustó,  y comenzó a respirar muy fuerte. La mujer de enfrente que había visto antes había visto todo, y de repente salió corriendo.

            Se retiró de la ventana, pero, al darse media vuelta, Sara estaba bajo la puerta, armada con el machete que había segado la vida de Estrella minutos atrás.

lunes, 5 de octubre de 2015

Vivir y Morir en Zamora XXIX


18:45 Tanatorio Sever

            Carlos; ya no está, ya no está, ya no está.
            Carlos tuvo que salir finalmente del tanatorio, no podía pensar con claridad, aunque seguramente no lo pudiera hacer en ningún lado.
            El escritor fue deambulando por las calles anexas al tanatorio hasta que llegó a la puerta del BB+, un conocido after del extrarradio de la ciudad.
            Carlos sonrió, aún recordaba como hacía más de una década su padre lo sacó de allí por las orejas a las siete de la mañana un Jueves Santo para ir a pintar una fachada, no recordaba día más vergonzoso en su vida.

            No es fácil encajar una pérdida, aunque Carlos ya había encajado unas cuantas.
            Recordó su primera ruptura: Rebeca, era también escritora, la conoció en la Universidad, la vio por primera vez en una discoteca, y se enamoró a primera vista, aunque su trabajito le costó camelarla. Tras cuatro años de romance idílico, en el que los momentos buenos fueron igual de intensos que los malos y en los que compartieron absolutamente todo, un día, tras acabar ambos la carrera, la historia terminó; ella se fue y no volvió a saber de ella; actualmente, y gracias a un amigo en común, sabía que se había casado y vivía en Albacete. Para Carlos aquella ruptura fue un trago muy amargo, creía que era lo peor que una persona viva podía soportar… hasta hacía unas horas.

            Piensa en cosas malas, ahora imagina que te ocurren todas el mismo día, pues bien, todas ellas juntas no son ni parecidas al momento en el que te enteras de que tu padre ya no está, que ese consejero que estaba en lo bueno y en lo malo aunque se llevará más malas palabras de las que se merecía, ya no estaba.
            Manolo ya no volvería a abrir la boca para indicarle que era lo mejor para él, aquel hombre que, con su brocha gorda y su rodillo le había enseñado más cosas que cualquier libro, que cualquier filósofo.
            Se volvió a acordar de su primera ruptura, y de cómo su padre se sentó a su lado uno de esos días que no se quería levantar de la cama y le dijo: Carlos, levántate, o la vida te comerá los huevos, el alma, si te dejas. Y ninguna mujer, ni ningún hombre, ni aún nosotros, tus padres, pueden hacer que te hundas en la miseria. Al fin y al cabo, lo que te ha pasado no es tan grave, por suerte a las mujeres las fabrican al lado de los coches Seat, ahí en Valladolid, y claro, alguna, como la tuya, sale defectuosa, pero hay muchas que son perfectas, como tu madre. Quizá ahora mismo la chica perfecta está ahí abajo, en la calle, esperando a cruzarse contigo y tú, en cambio, estás aquí echado, llorando por algo que no merece la pena; así que venga, arriba, que ésta noche es el Barça-Madrid.
            Al final, una vez más, todo se resumía en la frase “no hay huevos a…”. Carlos era escritor, trabajaba con emociones continuamente, emociones de vidas que le pertenecían de manera dictatorial, pero se daba cuenta, cada vez más, que en la vida real, en su realidad, era mejor no ser sentimental, en la vida real parece que es mejor ser un albañil, un albañil que tapia una y otra vez el corazón para que todas las cosas le reboten, y si algún muro cae, ahí está de nuevo el albañil para reconstruir el muro, dejando el corazón, por enésima vez, en la sombra, en el banquillo de la vida. Vivir de manera sentimental y sufrir, o vivir impasible y estar igual de frío en vida que una vez muerto: eran las dos opciones.

            Carlos dio media vuelta. Su padre ya no iba a moverse, y la cabalgata de parientes y amigos en las horas sucesivas sería insoportable, así que mejor preocuparse por los vivos, que por los muertos ya nada se puede hacer. Es por esto que Carlos enfiló la acera de camino al Hospital, quería saber qué tal se encontraba Tomás.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Vivir y Morir en Zamora


Hace algunos años, presenté el germen de la novela "Vivir y Morir en Zamora". Hará cosa de un año, ésta empezó a publicarse semanalmente en La Opinión de Zamora, y las entregas se fueron recopilando en http://www.vivirymorirenzamora.com/, pero el final de la novela, por motivos ajenos a mí, no se puede publicar en este espacio, así que he decidido acabar la novela en este blog, en el que empecé a dar mis pasos como escritor hace ya muchos años y que últimamente, debido sobre todo a Twitter y a mis estudios, tenía bastante abandonado. Espero que el final de la novela os guste.